Director: Silvio Verliac              

Chalup

Viajar a Shanghái pudo ser una enriquecedora experiencia, sobre todo si se hizo en tiempos de marxismo-maoísmo exacerbado. 1988, tiempos de Guerra Fría, un joven llega por el mar de China, y se adentra a la ciudad, como miembro parte de uno de los destinos de relaciones diplomáticas, a través del río Huangpu, que atraviesa la ciudad.

 

Al bajar del barco, comienzan a aparecer en cada esquina, jóvenes semiocultos, que dicen lo que se oye como “chein mani”. Rápidamente supimos qué ofrecían: change money. Cambiaban nuestros escasos dólares, por yuanes, al cambio paralelo, libre, conocido hoy en Argentina como blue.

La diferencia, abismal, con el cambio oficial, permitiría comprar algunas muchas baratijas, para traer de presente.

Primera alarma. La China comunista de ese entonces, no había solucionado los dilemas de la estructura, la base marxista de las relaciones sociales de producción.

Las fuerzas productivas y los medios de producción no habían superado luego de más de 40 años, en ese entonces, de experiencia socialista, la lucha de clases, más bien lo contrario, había muchísimos pobres y una clase dominante, los jerarcas de la revolución. Es decir, habían reemplazado un régimen, por otro.

Jerarcas que paradójicamente, utilizaban las antiguas construcciones de épocas imperiales, como sedes gubernamentales.

Las construcciones de los habitantes de esa Shanghái, monólogo de bloques verticales de cemento, simétricos y grises.

La tesis de la infraestructura, de la base, del proceso histórico que determinaría en última instancia el desarrollo y cambio social; que cuando cambiara, cambiaría el conjunto de la sociedad, las relaciones sociales, el poder, las instituciones y el resto de elementos de la superestructura, no fueron irreversibles como predijo Marx, y siguió Mao.

Cambió un poder por otro, cambiaron las instituciones, pero no cambió la paupérrima situación de los millones de habitantes que circulaban, mayoritariamente, en bicicleta. Por Silvio Verliac

* El autor viajó como Guardiamarina en Comisión

  Es Profesor en Ciencias Políticas

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