Director: Silvio Verliac              

Aquí breve resumen de "Historia del Tiempo". 

Stephen Hawking fue un físico teórico, cosmólogo y divulgador científico que entre los 60 y 70 se ganó el reconocimiento académico mundial por su tesis de doctorado sobre los agujeros negros en la Universidad de Cambridge. Luego pasó a ser una leyenda hasta su muerte en 2018 además, porque a pesar de estar postrado en una silla de ruedas a raíz de la enfermedad Esclerosis Lateral Amiotrófica, podía comunicarse a través de un sintetizador de voz, y su cerebro seguía siendo, brillante.

He leído su Historia del tiempo. Fascinante. Gracias al bueno de S. Hawking uno puede saber que la Teoría de la Relatividad de Albert Einstein, entre otras cosas, postula que cada persona situada en rol de observador, tiene su propia medida del tiempo, y que el mismo transcurre distinto a mayor altura del nivel del mar, es decir el espacio-tiempo están interrelacionados.

Stephen (ya le tengo cariño) nos explica a nosotros, que venimos de las Ciencias Sociales, con mucha pedagogía, ya que por años fue profesor en Cambridge, que a través de los llamados «agujeros de gusano» podríase, repito podríase, viajar en el tiempo.

A la hora de entrar en terrenos metafísicos, se divierte, y no da una respuesta contundente sobre sus creencias creadoras. Se escuda en el principio de incertidumbre de la mecánica cuántica, en que las partículas no tienen velocidades ni posiciones bien definidas. Da y lo dice, especial relieve a las leyes que gobiernan la gravedad newtoniana, porque son ellas las responsables que el Universo este expandiéndose o contrayéndose. Acepta que tuvo que haber un hecho inicial, un big bang particular.

Cierra: «Si descubrimos la teoría completa, con el tiempo habrá de ser, en sus líneas maestras, comprensibles para todos y no únicamente para unos pocos científicos; entonces todos, filósofos, científicos y gente corriente, seremos capaces de tomar parte de la discusión de por qué existe el Universo y por qué existimos nosotros.

Si encontráramos una respuesta a esto, sería el triunfo definitivo de la razón humana, porque entonces conoceríamos el pensamiento de Dios» (p. 165). Por Silvio Verliac