Director: Silvio Verliac              

Concordia, la ciudad más pobre del país, enfrenta desempleo, informalidad y barrios que crecen más rápido que el Estado. Sin embargo, existen oportunidades de empleo concretas que la ciudadanía puede identificar y aprovechar hoy.

1. Una foto que incomoda

Con casi 200.000 habitantes, Concordia sigue siendo el conglomerado urbano más pobre del país.

  • Pobreza: 49,2 %
  • Indigencia: 12,3 %
  • Desempleo: 7,6 %
  • Informalidad laboral: elevada y creciente

Estos números no son una injuria: son una descripción. Nombrar la realidad es el primer paso para cualquier salida posible.

2. Una caída que no empezó ayer

No hay un solo culpable. No es “la herencia” de un solo gobierno ni “la mala suerte”. La ciudad llegó aquí por décadas de decisiones que moldearon la economía y la vida social:

  • Empleo estacional y frágil: citricultura, arándanos, horticultura y changas rurales generan ingresos solo por algunos meses. Sin industria fuerte ni diversificación, miles viven con lo justo.
  • Municipio como refugio, no como motor: la intendencia absorbe desempleo y sostiene familias, pero la economía gira en círculo y no despega.
  • Barrios que crecen más rápido que el Estado: calles sin pavimentar, transporte irregular, falta de cloacas y escasa conectividad hacen que la pobreza se vuelva paisaje.
  • Empresariado que sobrevive: comercio chico, pocas Pymes exportadoras, inversión mínima. Sin inversión, no hay nuevos empleos; sin nuevos empleos, la pobreza se queda.
  • Dirigencia centrada en conservar cada espacio de poder: decisiones coyunturales, sin planificación a largo plazo. La ciudad no se piensa a diez años, sino a la próxima interna o elección general.

3. Empleo posible: señales concretas

No hablamos de empleo ideal: hablamos de empleo creable hoy.

Oportunidades detectadas:

  • Oficios con demanda inmediata: ayudantes electricistas, operarios industriales y técnicos electromecánicos.
  • Plantas productivas locales: frigoríficos, distribuidoras de alimentos y empresas exportadoras ofrecen vacantes reales.
  • Servicios de cuidado y acompañamiento: adultos mayores, primera infancia.
  • Turismo de proximidad y economía local: ferias, producción artesanal formalizada.

Aunque no hay estadísticas públicas precisas sobre déficit de oficios específicos, estas convocatorias son señales claras de oportunidades reales que la ciudadanía puede identificar y aprovechar.

4. Qué puede hacer la ciudadanía concordiense desde afuera del poder

  • Construir ciudadanía informada: entender qué pasa, por qué pasa y qué se puede exigir. Con información clara, los ciudadanos sabremos dónde actuar, cuáles prioridades reclamar y qué políticas apoyar o criticar. La claridad y el conocimiento transforman la indignación en acción eficaz.
  • Exigir transparencia y coordinación institucional: al conocer las funciones de municipio, provincia, nación, entes y programas locales, la ciudadanía puede detectar duplicaciones, superposiciones o áreas donde la coordinación podría mejorar la eficacia de las políticas públicas.

5. La reflexión sobre comunidad y desarrollo social nos conecta con ideas analizadas más allá de Argentina:

    1. En ciudades con alta vulnerabilidad social, la confianza interpersonal tiende a desplomarse.
      Estudios comparativos en Argentina, Brasil, Chile y Uruguay muestran que la inseguridad, la informalidad laboral y la inestabilidad institucional reducen la confianza en desconocidos y en las instituciones locales. Sin confianza, la cooperación barrial, la asociatividad y los proyectos comunitarios se vuelven frágiles o directamente inviables.
    2. La pobreza urbana sostenida fragmenta redes sociales.
      En zonas donde los barrios crecen más rápido que la infraestructura, se retraen las redes de apoyo, se debilitan las organizaciones intermedias y se incrementa la distancia entre grupos sociales. Esto produce un círculo vicioso: menos redes → menos oportunidades → más dependencia estatal → menos autonomía comunitaria.
    3. El “capital social puente” —el que conecta grupos distintos— es el más escaso.
      En la región predominan redes cerradas: familia, amigos, favores, contactos inmediatos. Lo que falta son redes abiertas que conecten barrios, sectores laborales, instituciones y actores económicos. Y ese tipo de capital social es el que más incide en desarrollo, empleo y movilidad social.
    4. El sociólogo-politólogo Robert D. Putnam advierte que sin capital social —confianza, redes, participación— no hay desarrollo posible; la cohesión social es condición de cualquier progreso.
      En Bowling Alone: The Collapse and Revival of American Community (2000), Putnam define el capital social como “las conexiones entre individuos —redes sociales— y las normas de reciprocidad y confianza que surgen de ellas”, y muestra cómo su declive en Estados Unidos erosionó la cooperación, la seguridad y la capacidad de resolver problemas colectivos. 

      Investigaciones de la CEPAL, del BID y de redes académicas latinoamericanas muestran que, en contextos de desigualdad estructural, la cohesión social —confianza interpersonal, redes comunitarias, participación cívica— es un factor decisivo para reducir pobreza, mejorar la eficacia de las políticas públicas y promover desarrollo local.

      Ninguno de estos estudios aplica directamente el modelo de Putnam a ciudades argentinas; sin embargo, los hallazgos son consistentes con su planteo: allí donde las redes de confianza están erosionadas, la capacidad colectiva para sostener proyectos de desarrollo se debilita.

      En Concordia no existen mediciones específicas de capital social, pero la persistencia de pobreza estructural, la informalidad laboral, la fragmentación barrial y la retracción de organizaciones comunitarias sugieren un deterioro profundo de ese capital social. Esto refuerza la urgencia de reconstruir vínculos, confianza y ciudadanía informada.

Notas de rigor:

  • Las cifras de pobreza, indigencia y desempleo provienen de informes oficiales del INDEC y estudios recientes de IIEP‑UBA.
  • Los ejemplos de empleo surgen de convocatorias públicas recientes en medios locales y páginas de empleo. Se presentan como señales de oportunidad, no como estadísticas definitivas de déficit de oficios.

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