Su llegada al Gobierno Nacional no podía ser mejor para Sergio Massa desde el punto de vista político. Un Presidente muy debilitado, y la señora de Kirchner en el banquillo de la Justicia, acusada por un fiscal federal de ser jefa de una asociación ilícita, organizada para extraer recursos del Estado. Todo depende de él.
Los gobernadores lo pidieron. Mezcla de necesidad y convicción. La CGT también. Y cuenta con otros apoyos no menos importantes.
Todo periodista medianamente informado escribió y dijo que empresarios argentinos que tienen una pata mediática – el Grupo Vila Manzano, dueños mayoritarios del Multimedios América, con presencia desde Buenos Aires a nivel nacional, a través de sus canales de cable, TV abierta, diarios económicos, y con radios y medios periodísticos en varias provincias importantes (incluyendo Entre Ríos) es aliado del nuevo designado súper ministro.
Banqueros como el dueño del Banco Macro, Jorge Brito, el grupo Esquenazi, propietarios de bancos provinciales y empresas constructoras - Grupo Petersen - tienen una relación fluida con Sergio Massa.
El grupo Pan América Energy de Alejandro Bulgheroni con negocios en la energía, empresas vitivinícolas, etc.
El grupo Eurnekian - Corporación América - quien tiene múltiples inversiones que van desde Aeropuertos Argentina 2000 hasta una importante participación en Ualá, por citar un par.
En fin, podríamos seguir. El punto aquí es exponer que Sergio Massa llega en un tiempo muy desafiante, con una población empobrecida, a un gobierno de bajísima aprobación popular, pero, a pesar del factor tiempo, en condiciones de imponer condiciones.
Sus socios políticos no están en su mejor momento. Él lo sabe. Y se ha estado preparando largo tiempo.
No tiene la banda presidencial, su aspiración más concreta. Pero si quiere, hoy puede hacer como si lo fuera. Otra vez, depende de él. Por Silvio Verliac
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