Director: Silvio Verliac              

Chalup

Puede ser una imagen de rascacielos y monumento

Foto: Tom

RN 174, RP26, RP6, RN18. Siglas numéricas que forman un camino sin gloria, sin resguardo, sin sentido de país. Si trajéramos al mejor piloto del Rally Mundial y le propusiéramos este recorrido entre Rosario y Concordia, primero se reiría. Después, con algo de compasión, se negaría.

 

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No se trata de un reclamo opositor. No es una denuncia ni una bandera partidaria. Es apenas un testimonio. Porque incluso cuando uno viaja por razones ajenas al oficio, sigue siendo periodista. Y lo que ve, lo que padece, lo que observa, también cuenta.

Viajar de Rosario a Concordia es meterse en una odisea de asfalto descascarado, banquinas inexistentes, camiones sin fin y señales desvanecidas por el abandono. Es retroceder al siglo XX. A un país que, en los papeles, ya debería haberlo dejado atrás.

Los tramos rurales de Entre Ríos, sobre todo en el corredor de la RP26 y la RP6, no sólo están deteriorados: están peligrosos. No hay mantenimiento visible, ni corte de pasto, ni puntos de asistencia. Hay baches que parecen cráteres, banquinas sin banquinas, no hay señalización. La RN18, uno de los pocos tramos que alguna vez tuvo una promesa de autovía, está rota como todas, y con retomes que de noche son una invitación a perderse.

El flujo constante de camiones, además, vuelve todo más urgente. Porque no se trata sólo de incomodidad o demora: es una cuestión de seguridad vial. No hay sobrepaso posible, no hay margen de error, no hay descanso visual.

Podríamos discutir si la responsabilidad es local, provincial o nacional. Pero eso sería, una vez más, jugar al gran bonete. Lo concreto es que el Estado –cualquiera sea su escala– ha decidido retirarse de esas rutas. Y que la vida cotidiana de quienes las transitan, por trabajo, por salud o por afectos, queda librada a su suerte.

Si el Estado puede cobrarnos IVA por comprar pan, bien puede, al menos, garantizar que un camino entre dos ciudades no sea una trampa.
Porque no es sólo el pavimento lo que se va rompiendo: es también la idea de país.

Silvio Verliac

Casa Tomada