El domingo 13 de agosto los argentinos – y el sistema político argentino – fue a las PASO, las primarias. De más de 35 millones de electores habilitados para votar, lo hizo el 70%, del padrón, es decir 10 millones no votaron. Del 70 que sí voto, más de 1.3 millones lo hizo en blanco, no eligió ninguna propuesta de la oferta electoral, lo que representa unos 11 millones de personas.
De los votos válidos la formula Milei- Virrarruel obtuvo el 29,86%, 7.352.244 votos.
Bullrich – Petri sacaron, sumados a los de Larreta- Morales, el 28%, 6.895.941 votos. Pero los propios de Bullrich fueron el 16,81%, 4.139.566, y los restantes, 2.7 millones del jefe de Gobierno de CABA.
Massa – Rossi sacaron el 27,28%, 6.719.042 de votos; 5.277.000 propios, sumando los de Grabois, que cosechó el 5,85%, más de 1.4 millones.
Si desglosamos como lo estamos haciendo, votos duros de Milei, Massa, Bullrich, quedaron en ese orden.
Qué pasó en la primera vuelta el 22 de octubre (todo esto parece más ligado a la arqueología que a la ciencia política, pero sirve para hacer Historia, una historia corta del pasado muy reciente que nos puede dejar enseñanzas), subió la participación electoral 7 puntos, es decir votaron casi 27 millones de argentinos, unos 2 millones más que en las primarias.
¿Y qué pasó con el voto en blanco? Se redujo de 1.7 millones a poco más de 500.000 electores. Votaron por una opción, 1.2 millones de votantes más.
Tenemos 3.700.000 personas más que votaron el 22 de octubre, que no lo habían hecho en agosto, o habían colocado su sobre vacío en la urna. 3.700.000
Massa terminó primero con 9.645.983 contra sus 5.277.000 de las PASO, casi duplicando su primera performance.
Milei segundo con 7.884.336 votos, sumando unos 500.000 votos más respecto de las primarias.
Y Bullrich tercera con 6.267.152 votos, o sea bajó unos 200.000
Recordemos que los votos de JxC eran engañosos, los que la ubicaron en el segundo lugar, porque no necesariamente los que votaron a Larreta – Morales se trasladaban a Bullrich.
Eso nos da aritméticamente una respuesta. Los argentinos que sí decidieron finalmente ir a sufragar el 22 de octubre, 3.7 millones, fueron mayoritariamente a Massa, otra proporción menor a Schiaretti, que subió, y una ínfima a Milei.
La pregunta es ¿por qué fueron masivamente a Massa haciendo si se quiere un pequeño juego de palabras?
¿Bullrich llegó a su techo, y hasta se cayó? Parece que sí.
Milei, que sumó unos pocos votos entre una elección y otra, ¿llegó a su techo, o el compromiso de parte de JxC, encarnado en la propia Bullrich y principalmente de Mauricio Macri, serán capaces de captar ese respaldo que los ubicaron terceros, de trasladarle los votos necesarios para que se imponga en el balotaje?
Para empezar, deben “rescatar” más de 2.000.000 de votos de JxC, para igualar a Massa, pero en realidad son muchos más lo que necesitan, porque Massa va a subir.
Scioli en 2015 sacó casi la misma cantidad que Massa en primera vuelta, y en el balotaje cosechó más de 12.000.000 de votos.
Es decir que, si el amperímetro de Milei casi no se mueve, el que debe moverse es del que queda de JxC, aportándole no ya 2.000.000 sino prácticamente todos sus votos, y ahí hay un problema para Milei-Macri-Bullrich: La UCR se declaró neutral, al igual que la CC, los otros socios de JxC.
¿Neutral quiere decir en blanco, o libertad de acción para optar por Massa o Milei?
Si ocurre lo segundo - muchas veces se da que los votantes resuelven diferente a sus dirigentes, sobre todo en una crisis de representación con su clase política - la elección estaría definida.
Pero ese es un problema de la clase política. De los valores y la ideología que deberían saber comunicar a la ciudadanía.
La utilización de la segunda vuelta no ha conducido a los objetivos propuestos originariamente por los promotores de la reforma de 1994.
El esfuerzo teórico de diseño y de ingeniería institucional destinado a procurar confeccionar un trazo apropiado para incrementar la representación y garantizar la gobernabilidad en las democracias en Latinoamérica, evitando la fragmentación, lo dice la política comparada, de este sistema de doble vuelta traído desde Francia, “el ballotage” - en un contexto muy diferente, ya que tiene un sistema semi-presidencialista, no presidencialista como el argentino- en una búsqueda de una legitimidad forzada, se dificulta.
Encuentra su límite en los intereses de los sectores encargados de llevar a cabo las enmiendas, en la medida en que las reglas de juego institucionales no son política ni axiológicamente neutras, sino que son producto de una determinada correlación de fuerzas y tienden a ser funcionales a los intereses de la mayoría política que las promueve, en aquel entonces Menem, bajo amenaza de plebiscito.
Efectivamente, la incorporación del sistema de la segunda vuelta formó parte de las agendas de reforma política de los 80’ y 90’, adoptadas luego de la recuperación democrática tras prolongados regímenes militares y de reformas estructurales neoliberales en América Latina, con sus consecuencias.
En países con grandes desigualdades económicas, con minorías excluidas y con partidos que no son capaces de representar intereses sociales de grupos definidos y de llevar a cabo políticas públicas acordes con sus demandas y expectativas, el consenso construido alrededor de quien resultare consagrado como presidente, necesariamente tiende a ser endeble. (Aunque dicen los que saben que Massa es un Néstor Kirchner recargado).
Esto tiene principal sustento en la ausencia de representatividad de los propios sistemas partidarios.
En 2003 la gente votó a Menem, y en el balotaje iba a votar contra Menem (a Kirchner), si no se bajaba. Ambos peronistas.
En síntesis, las falencias en términos de posibilidad de asegurar representación y gobernabilidad pueden ser momentáneamente neutralizadas por un mecanismo eleccionario más efectivo que otro.
Sin embargo, estos propósitos no podrán ser plenamente alcanzados mientras subsistan los rasgos recién mencionados, agravados durante las últimas décadas con exclusión económica, desafección política e inequidad social.
Por Silvio Verliac
Casa Tomada