A riesgo de ser considerado "banales", en junio de este año, firmamos acá un artículo de la cantautora Taylor Swift, y el porqué 2 millones de chicas y chicos hicieron fila virtual del sitio de entradas, para verla hoy, mañana y pasado, llenando tres River. Y hasta reprodujimos la letra de uno de sus hits: Anti-héroe. Nos habilita a que hoy volvamos sobre el tema, porque llegó al país, y hay jóvenes acampando para verla. El fenómeno de Taylor Swift tiene pura y exclusivamente que ver con el título de la nota de mediados de año: es el contenido, no el envase.
Taylor Swift estudió música y canto desde niña, compone sus propias canciones, y son sobre historias reales. La mayoría le pasaron a ella misma, o expone sus pensamientos y sentimientos como un diario artístico, con melodía, armonía y ritmo.
Dejó de preocuparse en demasía por su aspecto físico y de la aprobación de los demás. Se ocupa por lo que sucede en su país, y contrariamente a lo que aconsejan los publicistas, después de un comienzo en que no lo hacía, se expresa públicamente.
También ha tenido la inteligencia y sensibilidad de saber estar en la cresta de la ola desde su primer disco adolescente en 2006, hasta la fecha.
Vemos en Netflix documentales de estrellas del entretenimiento o de la música – ayer sin ir más lejos, la plataforma subió la del cantante Robbie Williams – sus vidas, los problemas que les traen la fama y el éxito masivo.
Como todo hecho sociocultural, los cientos de miles de chicas y chicos que van a ver a Taylor Swift, no lo hacen porque sí.
Por eso indagamos posibles respuestas, y las que encontramos son perfectamente lógicas.
Por Silvio Verliac
Casa Tomada