La vicepresidenta Cristina Fernández perdió una oportunidad de defensa, ante el 40%, 50% del electorado, que no es kirchnerista ni macrista, de demostrar, mediáticamente, que es inocente de los cargos penales que se le imputan.
Por supuesto que no tiene validez jurídica en el juicio que se sustancia en el Tribunal Oral Federal en lo Criminal N°2 de la Ciudad de Buenos Aires, pero la habría legitimado ante los miles que la vieron.
Prefirió, como pieza comunicacional, en vez de defenderse, atacar, y durante una hora y media, le habló a su electorado.
Una y otra vez machacó con el sesgo de confirmación, para que el kirchnerismo la siga apoyando, el macrismo la deteste, y la ciudadanía restante, seguramente entre perpleja y hasta con hastío, escuchó de la dos veces presidenta de la Nación, atacar a uno de los tres poderes de la República, el Judicial, desde la Corte para abajo, poniéndose por encima de la ley.
Como argumento, pobre, todos son iguales a mí, pareció decir por momentos.
Del Derecho de Defensa, como tituló su alocución, nada.
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