Por Silvio Verliac. Supongamos que usted no tiene posición ideológica. No tener posición, es en sí mismo, un modo de asumir una posición. Y en todo caso, la publicidad /propaganda política está para ello.
La publicidad es ideológica en cuanto construye y transmite una visión de la sociedad, opuesta a otras visiones, que son disfuncionales a la consecución de sus fines sociales. En otras palabras. Si usted está convencido, está del lado correcto. Si no, se tratará de convencerlo.
Muchos autores distinguen la propaganda política de la publicidad política (spots, afiches, banners, etc.), reservando el término propaganda, a la comunicación política sesgada o manipulativa.
Definen la comunicación política electoral como publicidad. Esto ocurre porque se asigna a la palabra propaganda un sentido negativo.
Bien. Aceptemos que es “comunicación política”.
Sigue latente la pregunta ¿De qué se ríen?
¿Se quiere vender un producto/persona, asociando emotivamente al candidato/a con la felicidad?
No hay nada malo en las ideologías. Son las ideologías malas las que hacen daño. Y, los malos candidatos, que se ríen.