"La concepción justicialista del desenvolvimiento histórico-social sostiene que, para que se puedan cumplir las grandes etapas de la historia de la humanidad, hace falta la conjunción de dos elementos: un Genio, un Conductor, que sepa ver en luminosa síntesis los problemas de la época que le toca vivir, y un Pueblo abnegado y capaz de llegar a la máxima tensión de sus fuerzas, para recorrer el camino que le señala el Conductor", comienza señalando el texto sobre Filosofía Peronista.
"Cumplido el difícil recorrido por el Genio y el Pueblo fusionados, se alcanzan los grandes ideales de cada época. (Perón, 1954)
Licurgo, a quien Perón ha llamado "el primer justicialista del mundo", realizo el acto de justicia popular más trascendente de la antigüedad: "Él quitó, por primera vez en la historia, la tierra a los terratenientes, entregándola al Pueblo"
a). - Reforma agraria. Los lacedemonios, como hemos dicho, trabajaban la tierra que pertenecía a los espartanos, por la cual pagaban un arrendamiento; cuando por cualquier razón los espartanos la necesitaban, se la quitaban sin resarcirlos por la expropiación. Licurgo, para remediar esta situación dividió la tierra en 39.000 partes; 30.000 para los lacedemonios y 9.000 para los 26 espartanos, dándoles a estos las mejores del país, compensando así la elevada cantidad que correspondía a los primeros. Por esta reforma Perón ha dicho que Licurgo fue quien realizó, por primera vez en el mundo, el ideal peronista que establece que la tierra debe ser de quien la trabaja.
b.) Reforma económica. Prohibió el comercio. Anuló toda la moneda antigua de oro y plata, reemplazándola por moneda de hierro, a la que dio poco valor de manera que para reunir una suma interesante se necesitaba "un cofre muy grande y una yunta para transportarla", dice Plutarco en "Vidas paralelas". Con esta sola medida libró a Esparta "de una serie de crímenes, porque a nadie le interesaba robar ese dinero ni recibirlo en soborno; no excitaba la codicia", agrega el mismo autor en la obra citada.
Desterró las artes inútiles de lujo, pues esta moneda no tenía ningún atractivo para los griegos de otras regiones, de modo que con ella no se podían comprar artículos extranjeros, con lo cual se valorizó el trabajo local. "Asimismo, para destruir el distingo de clases, dictó una ordenanza estableciendo que todas las puertas fueran iguales, tanto en las mansiones señoriales como en las humildes casas". (Eva Perón, Historia del Peronismo).
c). - Reforma política. Reglamentó las funciones reales del Senado y de la Asamblea con el fin de desterrar la violencia, la envidia, la insolencia, la corrupción y principalmente los dos antiguos males: riqueza y pobreza dándole mayor poder político al Pueblo. Por todas estas reformas del gran legislador espartano a favor del Pueblo es que "nosotros vemos en Licurgo tal vez el primer justicialista que haya tenido la humanidad". (Eva Perón, Historia del Peronismo).
B). - LOS GRACOS. Cuando afirmamos que la nuestra es la filosofía de los trabajadores, que el nuestro es un humanismo popular, está implícito que no admitimos preferencias de unos trabajadores respecto de otros, como podrían ser los hombres de la ciudad respecto de los del campo. Para nosotros, tan trabajador es el que empuña el martillo como el que maneja el arado, el que maneja la pluma como el que empuña la espada, siempre que su intención y su acción estén al servicio de la comunidad.
Sin embargo, Perón ha dedicado muchos capítulos aparte para tratar, especialmente, los problemas que afligían a la mitad de los argentinos que viven y luchan en el campo. Sus palabras y hechos a favor de los más humildes trabajadores agrarios, los peones, lo atestiguan, así como toda su inmensa acción para satisfacer las necesidades y cumplir las aspiraciones del hombre de campo. Así, ha manifestado: "no queremos hacer el proletariado campesino: queremos hacer agricultores felices, que vivan en la abundancia". (Perón ante Productores Agrarios, junio 11 de 1953, Filosofía Peronista, J.D. Perón)
Y su concepto fundamental sobre la materia, de que "la tierra debe ser de quien la trabaja; no un bien de renta, sino un bien de trabajo", responde a las más caras aspiraciones de los labradores, aspiraciones por las cuales lucharon hasta la muerte dos ardientes defensores de la causa popular. Tiberio y Cayo Graco. (Filosofía Peronista, ibídem)
"Nosotros no solamente hemos visto en Cristo a Dios, sino que también hemos admirado en Él a un hombre. Amamos a Cristo no sólo porque es Dios, lo amamos porque dejó sobre el mundo algo que será eterno: el amor entre los hombres". (Perón, en el V Congreso Eucarístico Nacional, en Rosario, octubre 29 de 1950)
c).- Cristo y su Doctrina Cristo aparece como un defensor de los humildes, como un justiciero que anatematiza con palabra vigorosa a los opresores y pervertidos, llamándolos a cumplir con sus responsabilidades ante Dios y ante los hombres. El cristianismo es en su origen la expresión de los oprimidos, la religión de los esclavos, de los libertos, de los pobres, de los hombres privados de derechos, de los Pueblos sometidos al despotismo de Roma. Los primeros cristianos fueron, pues los caídos y los oprimidos, que arrastraban su vida desdichada por la poderosa y corrompida ciudad de Roma, por los extensos latifundios de toda Italia. Sicilia y África.
"Bienaventurados los pacificadores porque ellos serán llamados hijos de Dios"... sin cansarse de insistir en el más glorioso concepto surgido de la esencia de Dios y del hombre: "Amaos los unos a los otros".
La predica de Jesús es eminentemente popular y justiciera; de ahí que al Justicialismo no pueda reconocérselo sino como un cristianismo adaptado a las condiciones históricas de nuestros tiempos. Veamos si no la palabra de su genial creador: "Sueño con una comunidad de hermanos, donde cada uno piense un poco más en el necesitado que está a nuestro lado que en satisfacer nuestra propia vanidad, nuestros vicios (71) y nuestras necesidades". (Perón, en la clausura del Congreso de Enseñanza Religiosa, octubre 14 de 1953).
O cuando señala la necesidad de un reparto equitativo de los bienes: "La riqueza no vale nada si no se puede dirigir el reparto para que a todos les toque lo indispensable para vivir y gozar de una vida digna que merezca ser vivida". (Perón, en la Visita de los Delegados al Congreso de Maestros de Territorios Nacionales, febrero 6 de 1948).
Ese es el fundamento histórico de la afirmación de Perón, de que la causa eficiente del comunismo es el capitalismo.
Aclaremos que "Utopía" significa lugar inexistente: luego, la isla de Moro sólo era un sueño.
Descubre toda la miseria moral de las clases ricas y la miseria material de la clase pobre.
En ella todos los habitantes son iguales: no hay pobres ni mendigos, ya que todos tienen lo que necesitan, pues no hay clases de ricos que no trabajan y 36 que provocan la miseria de los que trabajan para ellos. Nadie vive a expensas de los demás. Notemos que el ideal de este pensador, de que no hubiera más que una clase de hombres, la de los hombres que trabajan, que era una quimera en la sociedad de aquel entonces, es una realidad en la Argentina de hoy, gracias a Perón. (Filosofía Peronista)
"Sin el hombre no podemos comprender en modo alguno los fines de la naturaleza, el concepto de humanidad, ni la eficacia del pensamiento". (Perón, en la clausura del Primer Congreso Nacional de Filosofía, abril 9 de 1949).
Por eso la Doctrina Peronista propugna un humanismo que tenga una base moral, que abarque a todos los hombres. Porque, ¿de qué sirve que se descubran nuevas leyes del movimiento, de la materia, de la energía atómica, de los rayos cósmicos, que se llegue a la Luna o al planeta Marte, si la vida de la mayoría de los seres humanos va a seguir frustrada por la explotación de unos pocos?
Vivimos en el filo de una etapa histórica. Esta es la explicación de la profundidad y persistencia de la crisis contemporánea. El mundo capitalista surgido del materialismo renacentista y del industrialismo burgués, cuyo corolario es el imperialismo, desemboca en una encrucijada donde la unión de los hombres y de los Pueblo, fraternizados en principios y aspiraciones justicialistas, ha de concluir con él. (Filosofía Peronista)
Nuestro renacimiento será mucho más luminoso que el anterior porque en vez de ser la fiesta de unos pocos privilegiados, cercados por la miseria ambiente, será la fiesta del Pueblo reivindicado, responsable de sus derechos y de sus deberes, consciente de sus potencias y sus limitaciones. (Ídem)
En rigor de verdad, es un "homo sapiens", sin duda más sabio que el especulativo que, encerrado en el frio ámbito de esos museos y cementerios de ideas que son muchos libros, suele olvidarse de la vida real, de modo que sus conclusiones no prestan ninguna utilidad a la comunidad que le posibilita sus estudios. El hombre de trabajo, el hombre de Pueblo, es siempre sensato, porque si dejara de serlo morirían sus hijos, morirían sus animales, se secarían sus sembrados y cientos de calamidades lo destruirían todo. El mismo cuadro tenemos con el hombre de la fábrica. Desde el amanecer obedece a la disciplina de la sirena, que lo llama a cumplir con su obligación diaria. En el taller, frente a la máquina, compenetrado de su complejo sistema, comenzará por comprobar si está todo en orden, después de lo cual recién dará marcha al mecanismo que comenzará a mover sus brazos, a desplazar sus masas, a impulsar sus pistones y cigüeñales. Y no se diga que ésta es una tarea rutinaria, que la podría realizar un niño; la inteligencia del trabajador no necesita ser demostrada. Sin embargo, y sólo para decir algo sobre esto, podemos recordar que la mayoría de los grandes inventos y adelantos fueron obra de los trabajadores.
Lo que sucede es que, el hombre de trabajo inventa o descubre cosas extraordinarias, pero por falta de medios no dispone de posibilidad de explotarlas; los detentadores del capital se apropian de ellas y les ponen el nombre de sus fábricas, que es el suyo. Así, una vez más el trabajador que en el anonimato, sigue en la miseria, mientras los capitalistas se enriquecen con los frutos de su inteligencia. De lo cual se desprende que al hombre de Pueblo no sólo se le quita el producto de su trabajo, dejándole lo indispensable para que reponga sus tuerzas, sino que le arrebatan hasta el fruto de sus ideas. Son la edición moderna de los ladrones que entraron al templo del dios Zeus a robarle el fuego sagrado; pero éstos son más voraces pues primero encadenan el cuerpo de su víctima, luego le quitan los frutos de sus obras y al final pretenden robarle el fuego sagrado de su espíritu. Felizmente las cadenas ya se han roto "en un lugar de América"; el esclavo de ayer hoy se levanta, aun aturdido por tantos siglos de opresión. Pero para la vida de la humanidad, los siglos se cuentan cómo horas en la vida de los hombres. Ha sido un sueño largo; largo también el camino venturoso a recorrer; grande es la tarea a realizar. Ahora sí comienza la historia del hombre liberado. En esta hora, en nuestra patria, los hombres trabajan libres e iguales y el trabajo es el medio de su educación y perfeccionamiento, no el de su esclavización y embrutecimiento. Se abren ante ellos los tesoros de la cultura que ellos mismos fueron creando, pero cuyo aprovechamiento les estaba vedado por los poderosos que los guardaban en los cofres ocultos de las universidades, museos, bibliotecas. Ante tantas posibilidades puestas al alcance del hombre, "alentamos la esperanza de que nuestro camino justicialista reconcilie a los hombres con su destino de hombre y crean éstos de nuevo en la felicidad". (Perón al declarar inaugurado el Año del Libertador General San Martín, enero 1 de 1950)
Lo mismo acontece con los sistemas filosóficos que, para ser tales, tienen que constituir un universo de ideas, en el cual cada fenómeno tenga su réplica ideológica. Tal universo de ideas se da en la Doctrina Peronista, ideas que empalmadas con las bases más sólidas de la sabiduría de todos los tiempos, configuran un sistema doctrinario orgánico, del cual no se puede afectar una parte sin lesionar el todo.
El principio dominante de nuestro sistema ideológico es el de armonía entre los opuestos, en otros términos, fuga de la inestabilidad de los extremos hacia el punto de equilibrio de los mismos, en términos corrientes, Tercera Posición. En base a este principio de armonía entre los opuestos es que el Justicialismo sostiene que el hombre no es materia por un lado y espíritu por el otro, sino un equilibrio de ambos elementos, que configuran una realidad nueva, distinta de a de ellos.
Dicho de otra manera, se concilia el interés privado con el interés común Esta conciliación armónica del interés privado y el interés común, Tercera Posición frente a los extremos, nos da algo nuevo, como sería el resultado de la solución del vino con el agua, comparación frecuente en los estoicos para explicar el resultado de la armonización de la materia y el espíritu en el hombre; la sociedad ya no es un conjunto de opuestos sino una armonía de los mismos, es decir, ya los hombres no son enemigos de los hombres, sino que constituyen un Pueblo reconciliado y feliz. Por otra parte, de acuerdo con el concepto básico de armonía antes expuesto, no se puede afectar a una parte sin afectar al todo, es decir, no se puede afectar a la materia del hombre sin afectar a su integridad, no se puede afectar su espíritu sin resentir su cuerpo, como la experiencia de todos y cada uno nos enseña todos los días. Traducido este principio al campo social, significa que no se puede cometer una injusticia contra un hombre, sin que sea un atentado contra la sociedad, tan elevada dignidad adquiere el hombre en la sociedad peronista. (Perón, 1954)
Hablamos del principio de armonía, equilibrio entre los extremos, que es lo que implica la Tercera Posición, alrededor del cual gira toda la concepción ideológica del Peronismo. Este principio, aplicado a la relación individuo-comunidad, reúne a esos términos en un todo armónico, de tal modo que el individuo necesita de la comunidad para alcanzar su pleno desarrollo y la comunidad se realiza por la superación individual. Tal equilibrio armónico tiene su fundamento en el hecho de ser el hombre individualidad y sociabilidad. No es reconocido así ni por la filosofía individualista liberal, ni por la filosofía del colectivismo. Para la primera, el hombre es sólo individualidad, no tiene ningún vínculo intrínseco, es decir, esencial con la sociedad. Planteado así el problema, la sociedad resulta un elemento completamente extraño al hombre, fuera de su naturaleza. No hay, por lo tanto, ninguna posibilidad de armonización entre ambos términos, pues ellos son antitéticos. El individualismo pretende resolver esta situación dando primacía al individuo sobre la sociedad. A esta falsa posición responden las teorías que recurren al contrato social para explicar el origen de la sociedad. (Perón,1954)
Libertad, Estado y autoridad
"El Estado democrático liberal y el Estado totalitario favorecen a los grupos privilegiados de la plutocracia. El antagonismo entre el hombre de Pueblo y el Estado llega a su máxima tensión.
Estado Peronista: Anulados los privilegios de la oligarquía por obra de la Revolución Justicialista, el Estado argentino se transforma en una democracia social, superando el antagonismo entre hombre de Pueblo y Estado, porque el pueblo es el soberano.
Libertad y autoridad. Estos conceptos, que siempre marchaban como opuestos, se concilian y armonizan en el Estado democrático justicialista.
Libertad y autoridad
En primer término, consideraremos el tema de la libertad. Libertad significa libre albedrío, o sea la condición mediante la cual el hombre es dueño de sus actos. El acto fundamental de esta libertad es el querer; es decir, el aspirar a algo. El hombre quiere, tienen una voluntad dirigida hacia algo; este algo es la felicidad, supremo anhelo de los hombres de todos los tiempos. Por eso, dice Perón que "el ser humano no es un medio sino un fin que lucha para lograr su felicidad"; con lo cual está señalando que el hombre es un ser libre. Esta caracterización de la libertad corresponde a la libertad interna. Por medio de ella el hombre es dueño de sí; dueño de su voluntad, dueño de su inteligencia, de su memoria. "Dueño de sus sentidos. Dueño de todo su ser". Digamos, como acotación marginal, que este concepto se opone a las corrientes fatalistas, que sostienen la predestinación de todas las acciones, de modo que el individuo puede obrar de cualquier modo, ya que cualquier cosa que haga estaría predestinada de antemano, por lo tanto, no hay lugar para la responsabilidad moral. Volviendo a nuestro tema, debemos anotar que a la posibilidad del hombre de manifestarse como tal, integralmente, en la comunidad, se llama libertad externa. Es condición de esta libertad externa, la libertad interna, "pues mal puede ser dueño de sus actos externos quien previamente no ha tenido plena posesión de sí mismo". Para la consecución de su felicidad el hombre necesita de la libertad integral, de la libertad interna y externa. Luego, se ve claramente que la libertad no es un fin en sí, como pretendía el liberalismo, sino un medio, el medio indispensable para que el hombre pueda realizarse como tal. Por otra parte, tampoco en el liberalismo la libertad era un fin en sí ya que, traducida en buen romance, significaba la libertad de los capitalistas para explicar a las clases populares, sin que el Estado interviniera, coartándoles esa libertad. Ahora bien, dado que el hombre es un ser social, que vive necesariamente en comunidad, es natural que haya una interdependencia tal entre los hombres, que cada uno no pueda hacer lo que quiera, sin importarle el derecho de los demás. De ahí que la libertad de cada uno encuentre sus límites en el derecho del otro, es decir, en la equivalente libertad del otro. Por eso decimos que la libertad de cada uno termina donde comienza el derecho de los demás. A la autoridad le corresponde velar porque no sean transpuestos los límites; más allá de los cuales mi libertad se convertiría en ultraje a la libertad de mi vecino. La forma concreta de esa autoridad está encarnada en el Estado. Por lo tanto, la libertad de cada uno no tiene por qué resultar limitada por el Estado; no es que éste ponga a la libertad un impedimento que antes no existía y se convierta, de esta manera, en la antítesis de la libertad, sino que, sencillamente, el Estado ha centralizado el impedimento que antes existía bajo la forma de la libertad de otro. En el caso de no existir el Estado, este límite a la libertad de cada uno por el derecho de los demás se presenta en forma anárquica, por la acción arbitraria de cada uno. La ideología liberal planteó en términos de disyuntiva el tema de la "libertad y autoridad" pero con esta disyuntiva se saca al problema de su debido lugar y se oscurece lo principal: la libertad de unos no puede excluir la de los otros. Mostrando al Estado y a la autoridad como los enemigos irreconciliables de la libertad, se creaba el clima propicio para que se limitasen más y más las posibilidades y los medios del Estado y, de este modo, fuese lo más libre posible la lucha de unos hombres contra otros, lucha en la cual, naturalmente, salían favorecidos los más poderosos. La realización integral de la libertad se encuentra, por lo tanto, no en un régimen anárquico, sin autoridad alguna --en el cual la libertad está permanentemente amenazada por la agresión, la coacción, la opresión y la explotación de los demás--, sino en una autoridad justa, es decir, en el Estado justicialista. (Perón, 1954)
El Estado, por su parte, usa de su autoridad para obtener también sus propios fines. Pero en el Estado peronista, sus fines no pueden ser contrarios a los fines del hombre, puesto que se trata de una verdadera democracia; el Pueblo es el soberano.
El anarquismo
El anarquismo sigue la línea de la concepción individualista del hombre. Acentúa aún más, especialmente el anarquismo individualista, la negación del carácter social del mismo. Es una posición abiertamente materialista. En conclusión, después de esa somera exposición de las tesis de los anarquistas, podemos observar una notable coincidencia: todos ellos propugnan la abolición del Estado, pero también proclaman la abolición de la propiedad privada. Ven en el Estado el instrumento armado que ayuda a los opresores, por eso piden su abolición. Al pedir la abolición del Estado entran en el terreno de la fantasía, que no conduce a ninguna parte; mejor dicho, que conduce a cualquier parte. A los individualistas los condujo a convertirse en soportes del Estado totalitario; a los colectivistas, en sostén de la dictadura del proletariado, es decir, que ambos grupos pasaron de la negación del Estado a ser tributarios de las formas más violentas del mismo. Es cierto que, así como la ciencia en general ha progresado enormemente en todos los dominios, también ha avanzado en el de las ciencias sociales; de modo que si bien no podemos juzgar con la mentalidad de hoy las cosas del pasado, tampoco debemos dejar de observar que el gran error de los anarquistas consistió en propagar la necesidad de la abolición del Estado. No supieron ver que la forma de acercarse al ideal de la igualdad y de la libertad humanas no consiste en suprimir al Estado, sino en hacer de él el medio poderoso de defensa del trabajo, de defensa de la libertad, de defensa de la dignidad del hombre, como lo ha demostrado Perón. En cuanto a la abolición de la propiedad privada, va en contra de la natural tendencia del ser humano; va en contra del derecho natural. El Justicialismo ha dado la verdadera solución al problema, al sostener el carácter social de la propiedad; pues, por un lado, ha satisfecho la tendencia de cada hombre a ser dueño de "algo" y, por el otro, ha creado las condiciones para impedir los abusos de los propietarios, que por esa circunstancia se creían con derecho a quemar el trigo, para que no bajara de precio, mientras había Pueblos que se morían de hambre. El "dueño" del trigo hoy no lo puede quemar; los grandes bodegueros, ni los chicos, hoy no pueden arrojar el vino a las acequias; ya no se puede hacer un uso antisocial de la propiedad. El Estado, que dirige Perón e integran los trabajadores, lo impide. El fruto sagrado del trabajo es custodiado por el propio Estado de los trabajadores liberados. El estado es el Pueblo y quienes quieran el debilitamiento o la desaparición de este Estado, es porque prefieren otro, donde las riendas no estén en las firmes manos de Perón y del Pueblo. (Perón, 1954)
Por eso siempre ha tenido tanta importancia una ubicación correcta del problema de la libertad del hombre. Para esto se debe tener en cuenta que es un ser que vive en comunidad y que, por lo tanto, la libertad de cada uno encuentra su límite en la libertad del otro. Para reglar tan delicada situación se halla el Estado, organización tan natural al hombre, como es la sociedad. Aquí comprobamos el error de las concepciones liberal y anarquista, que consideran la existencia de la autoridad como incompatible con la existencia de la libertad. En una democracia plutocrática, en la cual los detentadores de la riqueza compran la libertad de los hombres, como si fuera una mercancía más, la autoridad puesta a su servicio nunca hará respetar la libertad del hombre de Pueblo. Pero en una democracia verdadera, como la nuestra, la autoridad puesta al servicio de la sociedad, tiene como función velar por el cumplimiento de la libertad de todos, sin restringir más que las malas libertades, las que, como en el caso del plutócrata, originan la esclavitud. Esto es lo que explica que un Pueblo inteligente y rebelde a "la autoridad" - como se decía que era el Pueblo argentino- se haya constituido en apasionado defensor del Estado Peronista" (Perón, 1954).
Referencia bibliográfica
Perón, Eva D. (1954) Historia del Peronismo. Buenos Aires: Ediciones Mundo Peronista.
Perón, Juan Domingo, (1954) Revista Mundo Peronista Nº 77, El libro Peronista-Filosofía Peronista. Buenos Aires: Ed. Mundo Peronista.