Concordia no va a mejorar por un intendente, sino por un modo distinto de leer, pensar y hablar sobre nosotros mismos.
Si Concordia va a mejorar, no será por un intendente.
Será porque un grupo pequeño de personas primero, empieza a mirar distinto: leer mejor, pensar sin ruido, a hablar con más claridad.
Las ciudades no mejoran por sacudones. Mejoran cuando algunos —pocos, al principio— dejan de repetir lo que escuchan y empiezan a comprender lo que viven. Cuando la conversación cotidiana se afina, aunque sea en voz baja, y no sea necesariamente tendencia.
No se trata de cambiarlo todo. Se trata de mejorar el modo en que pensamos lo que nos rodea. De recuperar una lectura honesta, y menos automática.
De atrevernos a decir “esto no cierra”, “esto va”, “esto no”, "esto sí", sin miedo a un guion.
Ese corrimiento —discreto, en un comienzo— será el inicio real de cualquier mejora.
Concordia empieza ahí: en la conversación que dejamos de repetir y comenzamos a pensar para actuar.
Casa Tomada