Director: Silvio Verliac              

Chalup

EDITORIAL: Una ciudad fallida es un conglomerado urbano en el cual el gobierno y los demás actores estratégicos de su sociedad han perdido el control y capacidad de gestión de las problemáticas, dejando de ser un lugar de oportunidades para convertirse en un escenario de patologías urbanas. Terreno fértil para la corrupción, y lo que podríamos llamar un crack urbano, es decir fractura de la estructura urbana producida por el surgimiento de factores sobrevinientes asociados con la pobreza, el desempleo y la desintegración social. La ciudad dejó de ser el lugar de materialización de las oportunidades ciudadanas, para convertirse en un escenario espacial y temporal de manifestación de patologías urbanas que arrinconan a sus pobladores. La gobernabilidad requiere de un espíritu de trabajo en equipo de los actores estratégicos, para interpretar y gestionar las circunstancias instituidas y contingentes que se le manifiestan. 

Ciudad Fallida

Se asiste a la perdida de la calidad de vida en el núcleo urbano, producto de un proceso paulatino de degradación barrial, crecimiento poblacional e incremento de asentamientos espontáneos sin las necesarias condiciones de habitabilidad. También un aumento de la criminalidad y por consiguiente el sentimiento de inseguridad. Una ciudad fallida experimenta la pobreza y la exclusión social como combustibles del crack urbano

Son conocidos los índices de pobreza e indigencia, que producen una segregación socio-espacial, en tanto existen políticas urbanísticas dirigidas principalmente hacia grupos específicos de la sociedad, generando bolsas de pobreza que concentran problemas sociales en zonas geográficas determinadas, que expresan rápidamente en las personas que las habitan, el fenómeno de la marginación.


Sístole o contracción de Gobernabilidad Urbana

La sístole de gobernabilidad es un estadio en el cual la estructura sociopolítica acusa un estado de contracción de las interrelaciones entre los actores estratégicos de la sociedad derivado de un deficitario trabajo en equipo que determina un feedback negativo y el deterioro del cauce de institucionalización, dando lugar a un margen estrecho de gobernabilidad. Esta posición relacional es proclive al privilegio del interés particular generando una discapacidad de asimilación del interés general de la sociedad.

El feedback de la gobernabilidad es un fenómeno de causación circular que expresa el nivel de interrelación entre los actores estratégicos de las sociedades.

La presencia de un feedback negativo entabla una posición interrelacional que expresa un deterioro del mecanismo de realimentación del sistema de actores estratégicos de la sociedad, propiciando cambios sustanciales en los cauces de institucionalización de la gobernabilidad.

El cauce institucional es el umbral de relacionamiento de los actores estratégicos de la sociedad para tomar decisiones y resolver conflictos dentro de un marco de institucionalización. El declive de ese cauce institucional deriva un margen estrecho de gobernabilidad que se manifiesta en un posicionamiento de enroque de los actores estratégicos de gobernabilidad en la finalidad de objetivos específicos en desmedro del interés general.

Una sístole o contracción de gobernabilidad urbana es la fragmentación en la interrelación de agentes urbanos estratégicos que privilegia el interés particular por encima del interés comunitario fomentando un margen estrecho de gobernabilidad urbana.


Las Patologías Urbanas

Las distorsiones en el proceso de gobernabilidad urbana se ven acompañadas de un corolario de patologías urbanas que se ponen de manifiesto en la corrupción estratégica, la abulia urbana, el crack urbano y la pérdida del control del territorio urbano:


Corrupción en la Ciudad Fallida

El ejercicio desmedido de la óptica del interés particular en desmedro de las perspectivas comunitarias por parte de los actores estratégicos de la gobernabilidad urbana recae sobre prácticas que afectan las normas y valores morales de la sociedad urbana. Cuando ello ocurre estamos en presencia de variados tipos de corrupción que perturban el nivel de realización de la gobernabilidad urbana y del interés general.

Este tipo de ejercicios trastornan el normal desempeño del mecanismo de realimentación de la gobernabilidad, en tanto cierra el sistema de manera exclusiva hacia la perspectiva perniciosa que tengan los actores estratégicos sobre los asuntos societales, restándole valor y estabilidad a las organizaciones y los procedimientos.

La destrucción de las normas y valores preestablecidos en un sistema de gobernabilidad urbana, concebida como corrupción estratégica, y definida esta como la utilización de recursos de poder de manera individual o interrelacional, por parte de los actores estratégicos para favorecer sus intereses individuales o de otro grupo específico de la sociedad urbana en detrimento del interés general.

La corrupción estratégica tiene dos manifestaciones: la corrupción estratégica exclusiva y corrupción estratégica interrelacional.

La primera es aquel ejercicio de corrupción en donde el actor estratégico de la gobernabilidad urbana arbitra recursos de poder apalancando procedimientos licenciosos para consumar objetivos particulares.

La segunda es el efecto en el que actores estratégicos mezclan recursos de poder para obtener beneficios individuales o de manera interrelacionada.


Manifestaciones de la Corrupción Exclusiva

La corrupción estratégica exclusiva tiene varias tipologías de manifestación: corrupción política corporativa, corrupción funcionarial, arquetipo clientelar electoral.

La corrupción política, toda actividad en la que el responsable público pone por delante el interés privado sobre el interés general.

Partiendo de dicha interpretación, podemos definir la corrupción política corporativa como aquella que se da en el orden administrativo y legislativo local, que  utilizan sus recursos de poder derivados de sus atribuciones constitucionales y legales para beneficiar sus intereses individuales o de otro agente estratégico de la sociedad urbana.

La corrupción funcionarial es la actitud sesgada que asume un funcionario para direccionar políticas públicas que generan beneficios concentrados hacia un colectivo específico de la sociedad urbana.

El arquetipo clientelar electoral es la transgresión de la campaña electoral por parte de colectivos políticos para obtener un escaño en una corporación local o llegar a la administración pública de la ciudad utilizando procedimientos licenciosos.


Manifestaciones de la Corrupción Estratégica interrelacional.

La corrupción estratégica relacional se identifica en aquellos movimientos en que los actores estratégicos manifiestan: corrupción estratégica relacional hegemónica, captura del gobierno y las políticas públicas, y corrupción mediática.

El negocio electoral es aquella dislocación de la transacción cívica en la cual surge la inversión de fondos emergentes provenientes de sectores no reglados, con el objeto de desbalancear el mercado electoral.

La captura del gobierno y las políticas públicas, se refiere a la actividad en la que ciertos actores estratégicos se apoderan del gobierno y del direccionamiento de las políticas públicas prioritarias, aprovechándose de las reglas del juego y de sus capacidades.

La corrupción mediática es aquella donde miembros de medios de comunicación intercambian recursos de poder de la gobernabilidad con políticos corruptos u otros actores estratégicos de la sociedad urbana para distorsionar la veracidad de la información.


Abulia Urbana

La abulia urbana es la carencia de iniciativa conjunta de los actores estratégicos de la gobernabilidad y de la ciudadanía, para enfrentar las problemáticas y oportunidades sociales que se le declaran. Es un proceso de deterioro gradual en donde se experimentan efectos de disgregación y fragmentación social ,que se expresan en la desarticulación de los actores estratégicos de la gobernabilidad y en la participación, abdicada del conjunto de la población urbana.

La ciudad fallida, con la contracción de la gobernabilidad fomenta un margen estrecho de ésta, que desarticula a sus actores estratégicos en la perspectiva de la primacía del interés general. Esta dinámica termina por minar las expectativas ciudadanas provocando la desafección de la población urbana que a su vez mimetiza el esquema de indiferencia y de liderazgo transaccional asumido por los agentes estratégicos de la sociedad.

El desengaño y la desesperanza terminan por convertirse en unos elementos resultantes de la verticalización de las relaciones y de la destrucción del capital social, que cercena la capacidad de relacionamiento horizontal estratégico para enfrentar con aptitud de trabajo en equipo en los desafíos de la sociedad.

En un escenario así, donde la respuesta a las demandas de la población es una dinámica de corrupción y favoritismo, el feedback del sistema político y de la gobernabilidad en su conjunto arroja una penetrada desconfianza hacia el gobierno y los demás actores estratégicos de la sociedad.

El corolario es una pérdida de centralidad de la política, reflejada en un decrépito nivel de apropiación de los mecanismos de participación que se encuentran a disposición del ciudadano, para ejercer la acción política individual y poder influenciar en la toma de decisiones.

El precario nivel ciudadano se ve caracterizado por la implicación de habitantes provenientes de segmentos seguidores y maleables del mercado electoral, los cuales se convierten en presa fácil de la corrupción de arquetipo clientelar lacerando el pleno ejercicio de una transacción cívica.

 

Crack Urbano

Se asiste a una protuberante perdida de la calidad de vida en el núcleo urbano, producto de un proceso paulatino de degradación barrial, crecimiento poblacional e incremento de asentamientos espontáneos sin las mínimas condiciones de habitabilidad, escasas políticas urbanísticas de planificación del crecimiento de la ciudad, que rápidamente afronta la conurbación, y el aumento considerable de la criminalidad y por consiguiente el sentimiento de inseguridad de parte de los ciudadanos.

Elementos como la delincuencia y transgresión de la ley, violencia urbana, desempleo, segregación social, cambios en el nivel de vida, concentración de problemas sociales en por zonas de la ciudad, mala calidad básica de construcción y mantenimiento deficiente de vivienda, mantenimiento deficiente del entorno, están a la orden del día.

La explosión demográfica no es tenida en cuenta en los esquemas urbanísticos, que ampara la administración en la simpleza de la norma y fungiendo de paso como simples controladoras, reguladoras y operadoras subsidiarias del destino físico de la ciudad, sin tener una visión proactiva del futuro de la ciudad que contemple la promoción integral del desarrollo de quienes las habitan.

Por tanto, es un urbanismo que nutre la distinción jurídica entre espacio público y privado fomentando de paso una segregación socio-espacial, en tanto existen políticas urbanísticas dirigidas hacia grupos específicos de la sociedad, generando bolsas de pobreza que concentran problemas sociales en zonas geográficas determinadas, que expresan rápidamente en las personas que las habitan el fenómeno de la marginación.


La Pérdida del control del Territorio

El marcado protagonismo de los actores emergentes de la autonomización social, es una expresión del feedback de la gobernabilidad urbana, que no responde a los intereses generales y degrada crecientemente las condiciones de habitabilidad de los ciudadanos, manifestadas en los índices crecientes de pobreza y marginalidad que alternan con el crimen organizado y la violencia.

En consecuencia, predomina una amalgama de elementos distorsionadores que identifican la sístole de gobernabilidad urbana, la corrupción estratégica, la abulia urbana, el crack urbano y la pérdida del control del territorio.

La ciudad dejó de ser el lugar de materialización de las oportunidades ciudadanas, para convertirse en un escenario espacial y temporal de manifestación de patologías urbanas que arrinconan a sus pobladores.

 

Gobernabilidad y Actor Estratégico Urbano

El concepto de gobernabilidad involucra la gobernación de la interrelación de actores estratégicos que influyen en la evolución o involución de la sociedad.

La pérdida de centralidad del Estado coloca a la gobernabilidad como una cualidad que se postula de las sociedades y no exclusivamente de sus gobiernos. En virtud de ello, hablamos de gobernabilidad de una ciudad, aunque obviamente las cualidades y calidades de los gobiernos son un factor importantísimo, al ser estos actores estratégicos de primer orden.

Un sistema social es gobernable cuando está estructurado sociopolíticamente de modo tal que todos los actores estratégicos se interrelacionan para tomar decisiones colectivas y resolver sus conflictos conforme a un sistema de reglas y procedimientos formales o informales, que pueden registrar diversos niveles de institucionalización, dentro del cual formulan sus expectativas y estrategias.

La gobernabilidad de la sociedad urbana es una estructura de interrelación de actores estratégicos urbanos de carácter público y privado de variados niveles que generan feedback positivo dentro de los cauces de institucionalización formal e informal, para la toma de decisiones colectivas y resolución de conflictos en ajuste de capacidades estratégicas y necesidades sociales interdependientes.

La gobernabilidad requiere de un espíritu de trabajo en equipo de los actores estratégicos para interpretar y gestionar las circunstancias instituidas y contingentes que se le manifiestan en la sociedad urbana.

En ese orden de ideas, la gobernabilidad urbana es un sistema abierto y complejo de diversas interrelaciones e interdependencias, cuyo mecanismo de realimentación puede generar escenarios de feedback positivo o negativo dependiendo de los cauces de institucionalización arbitrados por los actores estratégicos urbanos en la toma de decisiones.

Un actor estratégico urbano es un agente con recursos de poder y firmeza suficiente para ejercer una influencia determinante en la toma de decisiones de la sociedad urbana.

Ello involucra una condición que implica la movilización de recursos de los actores estratégicos de la ciudad en función de la consecución de sus objetivos.

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