Director: Silvio Verliac              

Cada año, con motivo del Día del Trabajador, en Argentina se reitera una liturgia. Lo que cambió, silenciosamente, es el sujeto que debería protagonizarla, y la realidad.

El trabajador argentino actual no cabe del todo en esas imágenes que hace tiempo desbordaron los marcos que se construyeron para contenerlo y defenderlo.

El trabajo se transformó

Según un informe de la UBA, el empleo informal alcanza hoy al 43% de la fuerza laboral — prácticamente los mismos niveles que en 2008. Es un dato estructural. Casi la mitad del universo laboral argentino trabaja sin aportes jubilatorios, sin obra social, sin vacaciones pagas. El 32% de esos trabajadores informales vive en hogares pobres, y el 27% de ese universo está en situación de vulnerabilidad.

A este cuadro se suma el cuentapropista que factura para sobrevivir, el monotributista que no eligió la independencia sino que fue empujado a ella, el “ocupado demandante” — 3,7 millones de personas que tienen trabajo pero necesitan otro, o más horas.

Son mayoritariamente personas que trabajan mucho, y no llegan cómodos a fin de mes.

Esta es la postal de una Argentina que no entra en el cuadro. Es, paradójicamente, la que menos aparece en los actos del 1° de Mayo.

La plaza y la brecha

Ayer la CGT convocó. Columnas, banderas, documento. Los discursos fueron duros con el gobierno: desde diciembre de 2023 a marzo de 2026 cerraron 24.180 establecimientos según datos de la propia Secretaría de Trabajo, y la reforma laboral en disputa judicial amenaza con profundizar un deterioro para el que trabaja, si no se instrumenta adecuadamente.

La central obrera llegó al acto con sus propias fracturas internas, y la izquierda tiene su acto por separado.

Desde el palco, se reconoció que “a los millones de trabajadores que están en la informalidad, que no tienen derechos ni cobertura”, también se los considera parte del movimiento obrero. El reconocimiento, importante, admite la necesidad de enunciarlo en voz alta y aceptarlo.

Sin villanizar al sindicalismo, se observa que las estructuras que nacieron para defender al trabajador industrial tienen dificultades reales para contener al trabajador de servicios, al informal, precarizado o autónomo del siglo XXI.

Esto que se señala no es un fenómeno argentino exclusivo, sino una transformación que recorre al mundo del trabajo en muchísimas economías.

Lo que no tiene nombre todavía

El trabajador argentino de la clase media vive en una incomodidad que no termina de tener representación política ni sindical clara.

No está en situación de pobreza, pero se ha empobrecido, y sin perder el trabajo, tiene menor poder adquisitivo. Paga impuestos, sostiene el sistema, pero éste no lo contiene como debiera.

Ese trabajador que no se identifica plenamente con la plaza, tampoco celebra las políticas que fueron generando este contexto.

El 1° de Mayo celebra al hombre y la mujer que trabaja. Aunque en 2026, la sustancia de la celebración, está pendiente para una porción demasiado grande como para obviarla.

 

 

 

 *Información actualizada, a las 09.48 h.

Fuentes con las que trabajamos para este artículo de Casa Tomada

UBA-EDIL, Área de Empleo, Distribución e Instituciones Laborales — Informe de informalidad laboral, marzo 2026

INDEC — Encuesta Permanente de Hogares (EPH), Q4 2025

OIT — 5 datos clave sobre el trabajo informal en Argentina, abril 2025

Secretaría de Trabajo de la Nación — Datos de establecimientos, citados en documento CGT, abril 2026