Una reactivación de la producción no sólo garantizaría un suministro interno más confiable, sino que potencialmente aliviaría la escasez en los países vecinos y generaría ingresos en moneda fuerte muy necesarios.
El problema del gas es un tema clave en vista las elecciones de este domingo. Quien gane se enfrentará a la difícil tarea de conseguir inversiones en la industria del gas del miembro de la OPEP.
La administración del presidente Nicolás Maduro ha redoblado sus esfuerzos en ofrecer proyectos de gas a empresas extranjeras desde el año pasado, pero las deudas impagas de larga data con muchas de las empresas, las sanciones estadounidenses y las enormes inversiones requeridas han limitado el progreso.
La principal coalición opositora, representada por Edmundo González, ha propuesto ampliar radicalmente el papel del sector privado, al tiempo que reestructurar la deuda del país, de 150.000 millones de dólares, algo que según los analistas tomaría años.
"Nadie va a producir gas masivamente en Venezuela en estas condiciones, pero hay interés inmediato en proyectos midstream de pequeña escala", dijo Antero Alvarado, socio gerente de Gas Energy Latin America, refiriéndose a ductos y sistemas para captar y distribuir mejor el gas.
Los problemas de Venezuela han obstaculizado el desarrollo, provocando una escasez frecuente del combustible esencial para cocinar, generar energía y alimentar plantas petroquímicas y fábricas.
El gas que llega intermitentemente a los domicilios, llega en cilindros cuya distribución está controlada por grupos apoyados por el Gobierno. Ese propano subsidiado es uno de los combustibles más caros que producen las refinerías de PDVSA. En ocasiones, la empresa estatal incluso recurre a la importación de ese gas.
Vecinos desde Colombia hasta Brasil, esperanzados en que la producción de Venezuela pueda eventualmente aliviar sus propios déficits de gas, han presionado a la administración Biden para que otorgue exenciones de sanciones a los proyectos de gas, dijeron ejecutivos de empresas y funcionarios del gobierno.
QUEMANDO EL GAS
Los casi 200 billones de pies cúbicos (tcf) de reservas probadas de gas de Venezuela están en su mayor parte sin explotar.
"La producción de gas natural de Venezuela ha sido históricamente limitada en comparación con su potencial", dijo la Administración de Información Energética de Estados Unidos en un informe de febrero, atribuyendo la situación a un pobre clima de inversión, falta de infraestructura e incapacidad para desarrollar proyectos.
Alrededor del 80% de la producción de gas de Venezuela está asociada a la producción de crudo.
En los últimos cinco años, el gas sin procesar quemado a la atmósfera durante la producción de petróleo ha superado los volúmenes vendidos comercialmente, convirtiendo al país en uno de los mayores quemadores de gas natural del mundo, según la EIA.
El gobierno de Maduro ha mantenido conversaciones inconclusas con empresas europeas, incluida Repsol, Eni y Shell sobre un proyecto de gran inversión de capital para recuperar hasta 1,5 tcf de gas quemado para el mercado interno y las exportaciones.
En el mar, los grandes proyectos de exploración y producción de gas siguen estancados, en especial el gigantesco Mariscal Sucre, de 12 billones de pies cúbicos. Solo uno de sus cuatro yacimientos está en negociación activa entre el gobierno y las empresas energéticas Shell y NGC de Trinidad y Tobago para un desarrollo conjunto que podría dar sus primeros resultados a fines del año próximo.
Con la ayuda de una ley flexible que exige menos trámites burocráticos para los proyectos de gas que para los de petróleo, el gobierno de Venezuela ha iniciado conversaciones internas para ofrecer un segundo campo, Río Caribe, a la inversión extranjera, según fuentes familiarizadas con el plan.
"Estamos abiertos a que empresas extranjeras vengan a Venezuela", dijo el ministro de Petróleo, Pedro Tellechea, a los periodistas en junio, refiriéndose a los proyectos energéticos mientras Washington reaunudó la emisión de licencias para desarrollos específicos en Venezuela.
Pero muchos productores de gas en Venezuela ya no tienen los medios para aumentar la producción a menos que PDVSA pague primero sus deudas, dijeron ejecutivos de la compañía.
DE OTRA MANERA
En lo que sería un cambio de política, la oposición quiere reabrir la industria energética a la inversión extranjera a través de la privatización, limitando al mismo tiempo el papel de PDVSA y reestructurando las deudas, incluido el pago a algunos acreedores con petróleo.
La estrategia rompería con dos décadas de nacionalización que ha concentrado casi toda la producción, transporte, procesamiento y ventas en manos del Estado, creando una larga cadena de deudas entre empresas estatales.
"El país necesitará más electricidad y, por lo tanto, más gas", dijo Alvarado. "Si se produce una privatización en el sector eléctrico, habrá incentivos económicos para producir gas para la venta interna, mientras que los proyectos offshore más grandes podrían centrarse en las exportaciones, incluso a través del GNL (gas natural licuado)". Crédito reporte agencia Reuters.