Objetivemos, pongamos la situación delante nuestro, y observémosla, sin prejuicios, ni opiniones previas, para comprenderla. Una señora invita a su hogar, enseña Hawái, distintos eventos. Se baña desprejuiciadamente en su piscina. Es poderosamente libre.
Estaba a años de comprenderlo. Aun cuando, en una disco, bailamos casi toda la noche juntos, sensualmente.
Luego, tomó su Mercedes, llevándome hasta su casa. Puso una piña de ananá en el centro de la mesa de la cocina, adentro una vela y me cantó el happy birthday.
Se quitó el vestido, y sin más, en ropa interior, se lanzó a la pileta.
Con cierto pudor hice lo mismo.
Además de llevarme unos años, me llevaba un mundo. Un mundo que, yo desconocía. Al final de esa noche, me dijo:
- No salgo con chicos.
Pensé luego de irme, que sería la última vez que la vería.
Pero, durante el día, llegó otra invitación: fiesta en la casa de la señora, por la noche.
Fui. Todavía descorazonado - un poco - y al ingresar había todo tipo de personas, de la sociedad evidentemente.
En medio de la party, tomó el micrófono, y en inglés, les habló a los presentes.
Que había conocido unos amigos argentinos, como ella, y que … dijo mi nombre, cumplía años.
Las bailarinas, con atuendos típicos, estaban dando un show, entraron con una torta.
Así cumplí 19 años. Aprendiendo.
Si alguna vez lees esto, quiero que sepas, que ahora lo entiendo. Y te deseo que seas muy feliz. Ho'oponopono. Por Silvio Verliac
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