Director: Silvio Verliac              

Gráfico de portada / Evolución de la actividad económica, el empleo y los salarios

Por qué el empleo formal cae mientras la economía crece en indicadores, y qué hay detrás de los números que no se ven, según un estudio que tiene como fuentes organismos oficiales.

Gráfico interior / Tasas de informalidad

El 1° de mayo describimos un cuadro: 43% del universo laboral argentino trabaja sin cobertura, sin un piso. También se dijo, el 31,6% de los trabajadores informales vive en hogares pobres. Lo que no se señalo aún —porque el espacio de ese día era otro— son las causas. Qué mecanismos sostienen esta precariedad, por qué persiste, independientemente que la economía, en sus indicadores agregados mostró recuperación, lo que a primera vista, puede parecer una contradicción.

Esta es la segunda entrega de la serie. Un intento de explicar lo que los datos muestran cuando se los lee juntos, en capas, como aporte.

I. El crecimiento que no genera empleo

Elasticidad-empleo y sesgo de productividad

La economía creció 4,4% en 2025 (INDEC). El empleo registrado privado cayó a 97 sobre base 100.

Cuando la actividad económica crece pero el empleo formal privado cae la pregunta obvia es: ¿adónde va el crecimiento? Una respuesta está en qué sectores lideran esa recuperación.

Los que empujan el PBI en este ciclo —minería, el agro, las finanzas— tienen una característica en común: son intensivos en capital o recursos naturales, pero no en mano de obra. Pueden aumentar su valor agregado, ya sea a través de mejoras tecnológicas, o de incremento de precios y /o demanda internacional, o de mayor eficiencia operativa, pero sin necesidad de contratar nuevo personal.

Esto se identifica como baja elasticidad del empleo respecto al producto. En términos simples: por cada punto porcentual que crece la economía en estos sectores puntuales, el empleo crece menos que ese punto. O directamente no lo hace.

Investigadores de la UBA-EDIL, Área de Empleo, Distribución e Instituciones Laborales como Roxana Maurizio y Luis Beccaria han documentado en sus últimos informes, de este fenómeno: la estructura productiva presenta un sesgo sistémico, hacia sectores que generan riqueza sin generar empleo de calidad equivalente. Es un crecimiento desacoplado estructural. 

II. La dualidad 

Absorción espuria y el refugio informal

Cuando el empleo formal cae en los sectores dinámicos, los trabajadores no desaparecen. Se desplazan. Y la economía informal actúa como "esponja" absorbiendo el excedente de mano de obra que el sector formal no puede, o no necesita contratar.

Con una informalidad del 43% a nivel nacional en el promedio general entre asalariados e independientes, la dualidad del mercado laboral argentino es estructural ya que hay un sector de alta productividad —exportador, tecnológico, financiero— que crece por precios, demanda, eficiencia; y un sector de baja productividad que absorbe todo lo que el primero expulsa o no incorpora.

El resultado es lo que se denomina absorción espuria: el trabajador tiene empleo, pero ese empleo no le garantiza movilidad social, cobertura, o ingreso estable.

En empresas de hasta cinco empleados, la informalidad alcanza el 68,2% dicen los estudios de estos informes

Entre los cuentapropistas, llega al 63,4%.

III. El piso que dejó de ser piso

La erosión del salario mínimo y sus efectos sobre la negociación

Los informes arrojan que de acuerdo al índice de salarios, en el mes de enero de 2026 tanto el salario del sector público como del privado perdieron contra la inflación. Respecto de noviembre de 2023, el poder de compra del salario público cayó 17,9% en promedio y el del privado 2,3%.

Hay otro dato que merece atención: el salario mínimo real cayó un 39% y se ubica por debajo de los niveles de la crisis de 2001. Significa el colapso de lo que los especialistas llaman faro salarial.

El salario mínimo no fija solo el piso legal. Funciona como referencia de negociación en toda la economía, incluso donde no hay paritarias. Cuando ese faro se apaga —o desploma— el piso de negociación desaparece para todo el mundo, pero sobre todo para quienes están fuera del circuito formal.

La penalidad por informalidad calculada por UBA-EDIL es del 38%: un trabajador informal con igual nivel educativo, edad, sexo y rama que uno formal cobra en promedio un 38% menos.

Y para empleadores de baja escala, que no pueden afrontar los costos en un contexto de demanda interna local deprimida, deviene en una salida perjudicial para empleados, y de los aportes al sistema.

El empleador informal no necesariamente es un evasor convencido. Pero por su escala y el mercado, resulta altamente costoso lo que la formalidad le exige. La informalidad, en este caso, puede constituir una opción. Esta es una explicación.

IV. El caso Concordia

Falla de integración productiva en una economía regional

Con una tasa de informalidad del 51,3% —entre los aglomerados más altos del país, según datos oficiales de los investigadores de UBA— Concordia es un ejemplo de lo que sucede cuando los mecanismos descritos arriba se combinan sin ningún contrapeso.

A diferencia de otros centros urbanos con mayor diversificación o empleo público consolidado, la ciudad depende en proporciones significativas del comercio, la construcción y el sector primario estacional. Cuando entran en crisis no hay otro sectores que absorban.

El vínculo entre informalidad y pobreza, en este contexto, es directo: tres de cada diez trabajadores informales son pobres. En Concordia, con más de la mitad de la fuerza laboral en esa condición, el trabajo ha dejado de ser un mecanismo de ascenso social, y se convirtió en reproducción de pobreza, con trabajo. Una falla de integración productiva que el mercado solo no corrige, como lo demuestra la serie larga.

V. Lo que los gobernadores podrían hacer pero no hacen

El análisis precedente no es coyuntural. Los mecanismos —sesgo productivo, dualidad, erosión salarial, falla de integración regional— llevan décadas consolidándose.

Lo que sí es coyuntural es la ventana de oportunidad. Y allí se nota una ausencia.

Los gobernadores provinciales tienen de hecho capacidad de negociación a través del Senado nacional. Con sus diputados también, en la Cámara Baja.

Cuentan con equipos técnicos, con la información, con recursos institucionales para leer estos datos y articular respuestas.

Los números están disponibles, los informes existen, la realidad es visible.

El problema es de incentivos políticos. Mientras los giros automáticos de coparticipación lleguen, mientras los ATN cubran los baches más urgentes, el cálculo para muchos es esperar. No a construir una propuesta conjunta que empuje al gobierno central a introducir variables para las economías regionales más castigadas.

La población que trabaja en negro, o que cobra menos de lo que necesita para vivir en un empleo formal, que migra de actividad en actividad, no tiene ese tiempo de espera.

El diseño político-institucional argentino genera motivaciones concretas para pasividades provinciales en general, frente a problemas que exceden la escala local, pero que se viven con intensidad en el territorio.

La pregunta que queda abierta es si el costo político de esta pasividad comenzará a hacerse visible, antes de que el deterioro se vuelva prácticamente irreversible.

 

Las fuentes que se utilizaron para este informe de Casa Tomada

UBA-EDIL, Área de Empleo, Distribución e Instituciones Laborales — Informe de informalidad laboral, marzo 2026. INDEC — Encuesta Permanente de Hogares (EPH), Q4 2025. Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA). Secretaría de Trabajo de la Nación (Ministerio de Capital Humano).

Maurizio, R. y Beccaria, L. — Trabajos sobre estructura del mercado laboral argentino (referencia académica de base) de Informes UBA-EDIL

3 de mayo de 2026