Director: Silvio Verliac              

Análisis prospectivo | Casa Tomada | Mayo/Junio 2026

El comercio de indumentaria en Concordia y la región no está atravesando una clásica crisis de consumo, sino una crisis de canal. La diferencia es importante porque define qué se puede hacer al respecto. Además, por qué la ropa en general es cara.

Lo que muestran los datos

En diciembre de 2025, el rubro textil e indumentaria registró una caída del 8,5% interanual a precios constantes, una de las contracciones más agudas del mes según el Índice de Ventas Minoristas Pyme de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME). En paralelo, el comercio minorista pyme en su conjunto cayó 5,2% interanual ese mismo mes, cerrando un año con apenas 2,5% de crecimiento acumulado —por debajo de la inflación del 31,5%.

En Concordia, el impacto tiene nombre y número. Según datos surgidos de las declaraciones juradas mensuales que presentan las empresas ante el sistema de fiscalización sindical, entre enero y abril de 2026 el sector comercial registró 401 bajas de empleo formal contra solo 128 incorporaciones. Juan José Simonetti, secretario general del Centro de Empleados de Comercio de Concordia, precisó que esa cifra supera las 345 desvinculaciones de todo 2025, y que el deterioro no proviene del cierre de una gran empresa sino de la reducción y cierre sostenido de pequeñas y medianas empresas. Los rubros más golpeados: indumentaria, calzado y regalería.

Por qué la gente no dejó de comprar ropa

Mientras el comercio local se contrae, el comercio electrónico del Litoral —que incluye Entre Ríos, Corrientes, Misiones y Santa Fe— representa el 12% de la facturación total del ecommerce argentino en 2025, segunda región después del AMBA, según el Estudio Anual de la Cámara Argentina de Comercio Electrónico (CACE).

El 47% de los compradores online argentinos realizó al menos una compra en el exterior durante 2025, contra 37% en 2024. Una suba del 10%. De ellos, 7 de cada 10 —dice el informe— lo hizo por primera vez en los últimos seis meses.

Hay un dato que no aparece en las estadísticas de ecommerce doméstico: las compras en plataformas como Shein, Temu y AliExpress no son ventas de empresas argentinas. Representan importaciones minoristas que ingresan por el régimen courier, y las mide el INDEC como comercio exterior, no la CACE en el rubro ecommerce. Son dos sistemas que no dialogan entre sí.

El resultado es una brecha elocuente. El consumo online de indumentaria doméstica creció 45% en 2025. Al mismo tiempo, según datos de la Fundación Pro Tejer, las importaciones de indumentaria vía courier crecieron 89% interanual en cantidades, a precios unitarios más bajos que el año anterior.

La diferencia entre esos dos números representa el volumen de consumo que migró fuera del "sistema argentino". No desapareció del consumo, sí como consumo local.

El reverso de la etiqueta: por qué la ropa argentina es cara

Para entender por qué el consumidor local migra masivamente hacia el exterior, es necesario desarmar una simplificación habitual: la idea de que la indumentaria en Argentina es cara exclusivamente por el margen de ganancia del último eslabón de la cadena. El fenómeno es estructural y responde a un ecosistema de costos internos distorsionado.

Según los monitoreos estadísticos de la Fundación Pro Tejer y la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI), en el circuito comercial formal, el costo estricto de fabricar una prenda —que incluye la materia prima, el hilado, el diseño, la confección y la tintorería— representa apenas entre el 15% y el 20% del valor que el cliente ve en la vidriera. El 80% restante responde a los costos de la estructura local y el Estado:

La carga impositiva (50,3%): Más de la mitad del precio de cada prenda son impuestos acumulados. El problema central aquí es el "efecto cascada" del Impuesto a los Ingresos Brutos provinciales, que grava cada transacción en la cadena de valor (desde el hilandero hasta el local céntrico), sumándose al IVA, tasas de inspección municipales, Ganancias y las cargas patronales del empleo registrado.

Costos financieros (12% a 14%): El mantenimiento del sistema de cobro legal, las comisiones de las empresas de tarjetas de crédito y el costo de sostener las herramientas de financiación en cuotas.

Alquiler y estructura comercial (12% a 15%): El costo del metro cuadrado comercial en áreas de alto tránsito respecto al volumen real de unidades vendidas.

Logística y distribución (10%): En una matriz de transporte terrestre dependiente casi en su totalidad del camión, el traslado de mercadería desde las fábricas (centralizadas en el AMBA) hacia el interior del país añade un costo fijo ineludible.

Rentabilidad neta (4% a 5%): Es el margen de ganancia real y limpio que le queda al comerciante o la marca tras liquidar todos los conceptos anteriores.

A este esquema se suma la falta de economía de escala. Mientras las plataformas asiáticas producen para un mercado global diluyendo sus costos fijos, la industria textil local produce para un mercado doméstico acotado y protegido históricamente por barreras aduaneras. Este proteccionismo, diseñado originalmente para resguardar el empleo fabril, terminó aislando al sector de la competencia y de la actualización tecnológica. Al no haber escala, los insumos básicos a menudo se comercializan en el mercado interno a precios más elevados que una prenda terminada en el exterior.

El modelo chino: un bypass al sistema

Es en esta distorsión donde radica el verdadero poder de las plataformas de ultra-fast fashion asiáticas. No juegan bajo el modelo de las grandes corporaciones tradicionales que deben radicarse en el país, importar contenedores, pagar aranceles generales y sostener estructuras comerciales locales. El modelo chino es una desintermediación absoluta que opera como un bypass al sistema impositivo nacional.

Estas plataformas no tienen locales físicos ni marcas asociadas; conectan directamente al consumidor final con las fábricas en origen. Su ventaja imbatible es el sistema de "envíos hormiga". En lugar de enviar un contenedor con miles de prendas a la aduana general, envían millares de paquetes individuales por correo a personas distintas. Al valer pocos dólares cada paquete, ingresan al país a través del régimen de courier, integrando de forma transparente los aranceles aduaneros en el precio digital final en pesos y salteándose toda la estructura impositiva local en cascada que soporta el comercio formal de una ciudad como Concordia.

A esto se suma un subsidio logístico cruzado: el gobierno de China financia parte del correo internacional de sus exportadores minoristas, lo que provoca que a veces resulte más barato enviar un paquete desde Shenzhen hasta Entre Ríos que pagar un flete en camión desde los centros mayoristas de Flores hasta el Litoral. No se trata solo de una preferencia digital del consumidor, sino de un arbitraje fiscal donde el usuario aprovecha una ventana legal para eludir el peso del costo argentino.

El costo no calculado

Este fenómeno genera una cadena de pérdidas que afecta al comercio local en general, impacta en el movimiento económico de las ciudades y golpea de forma directa a los empleados. Cada peso gastado en una plataforma internacional en lugar del comercio local —no se juzga al consumidor por buscar precios— es un peso que no genera IVA, Ganancias, cargas patronales ni Ingresos Brutos provinciales. A su vez, un local cerrado deja de aportar a las tasas municipales.

El resultado: menos socios activos para el CCISC (la cámara de industria, comercio y servicio local) y empleados que dejan de aportar al sindicato mercantil y a su obra social (con el consiguiente impacto en profesionales prestadores). Este combo no contribuye a un desarrollo genuino ni a la reproducción de empleo en blanco.

Multiplicado por miles de consumidores en ciudades intermedias del Litoral, este drenaje no tan silencioso afecta simultáneamente a una amplia base. La cadena es muy extensa. No existe aún una medición local que cuantifique el impacto con precisión. Es una deuda analítica pendiente.

Lo que viene: tres escenarios posibles para los próximos meses

El comerciante con experiencia sabe leer su vereda mejor que cualquier consultor. Lo que generalmente no tiene a mano es un mapa de variables que escapan a su control.

El escenario más probable es la profundización. Las plataformas, sobre todo de China, operan hoy en el mercado interno a una fracción de su verdadero potencial logístico global. La normativa vigente del régimen courier —que permite importaciones de hasta 3.000 dólares por vuelo de manera simplificada— las favorece. El tipo de cambio estable hace accesible el precio en pesos. El comercio local de precio bajo y medio continuará perdiendo volumen, no porque el consumo desaparezca, sino porque cada vez más consumidores descubren que pueden eludir los costos internos comprando desde su celular a un precio muy conveniente.

El segundo escenario es regulación parcial. La industria textil impulsa una legislación para aplicar mayores controles e impuestos a estas plataformas de envío directo. Si prospera, el crecimiento se frenaría, pero no se revertiría. Las plataformas, por su descomunal volumen de negocio, pueden absorber el costo regulatorio y mantener una ventaja de precio considerable.

El tercer escenario requiere un shock cambiario que encarezca las importaciones en pesos. Históricamente posible en Argentina, aunque no es el horizonte inmediato del mediano plazo.

Qué hacer con esto: las estrategias de resistencia

El canal físico tiene valor donde las plataformas no llegan: la prueba, el asesoramiento personalizado, la inmediatez, la devolución sin trámite, el vínculo. Eso no lo resuelve un algoritmo. La experiencia en mercados internacionales que ya atravesaron esta misma transición muestra que los comercios que sobrevivieron no intentaron competir en precio, sino explotando las limitaciones del sistema digital a través de tres vías principales:

1. La transformación hacia la curaduría de stock: En mercados como el europeo, el pequeño comercio entendió la imposibilidad de competir en volumen. Muchos mutaron hacia la selección específica de prendas para ofrecer combinaciones armadas y personalizadas según el perfil del cliente local. Frente a un catálogo digital e infinito de miles de opciones que abruma al usuario, el comerciante físico compite ofreciendo su criterio estético como filtro de calidad, calce y asesoramiento.

2. Optimización del espacio y stock dinámico: En Brasil, la respuesta de las medianas tiendas fue reducir la superficie de depósito para bajar los costos fijos de alquiler. Los locales físicos se transformaron en espacios de experiencia y prueba. Si el talle o variante no está en el perchero, se gestiona digitalmente desde un centro de distribución regionalizado para que llegue al domicilio del comprador al día siguiente, eliminando el costo financiero del stock inmovilizado en el salón.

3. El valor de la inmediatez y el servicio técnico: El talón de Aquiles del comercio internacional es la posventa y el error de calce; devolver una prenda defectuosa o de talle incorrecto al exterior es un proceso burocrático complejo. Comercios minoristas en ciudades intermedias de Estados Unidos comenzaron a incorporar el servicio de ajuste y sastrería bonificado con la compra. La promesa de valor es la inmediatez: la prenda se entrega adaptada perfectamente al cuerpo del cliente en 24 horas, una garantía operativa que la logística de larga distancia no puede emular.

Hay que decir que no todos lo lograron. Pero los que sí intentaron e imaginaron alternativas, tuvieron ventaja sobre los que esperaron a que la situación se resolviera por sí misma.

 ©Casa Tomada

 

 

 

Fuentes:

CAME, Índice de Ventas Minoristas Pyme, diciembre 2025. Documento original: redcame.org.ar

CACE, Estudio Anual de Comercio Electrónico 2025. Documento original: cace.org.ar

Fundación Pro Tejer, Boletín Económico Sectorial, diciembre 2025.

Centro de Empleados de Comercio de Concordia. Declaraciones de Juan José Simonetti, secretario general, ante medios locales, enero–mayo 2026. Datos surgidos de declaraciones juradas mensuales del sistema de fiscalización sindical.

Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI), Informes de Estructura de Costos del Sector Textil y desglose impositivo.