Cómo se construyeron ecosistemas de innovación y producción. Parte 2
Sigue Stanford y Silicon Valley
Capítulo 2: El Pentágono, Sputnik y la rebelión de los ocho traidores
Si el primer capítulo fue sobre el suelo, la universidad y el visionario rector, este trata sobre un motor fundamental que puso todo en marcha veloz: el dinero de la Defensa nacional de EE.UU. y la preocupación que dio origen a la cultura de las startups.
1. El combustible Sputnik
En octubre de 1957, la entonces Unión Soviética puso en órbita el Sputnik I. El impacto en los EE.UU. fue militar y psicológico. Si la URSS podía poner un satélite sobre el cielo estadounidense, era posible potencialmente ser blanco de bombas atómicas.
El presidente Eisenhower respondió creando ARPA (luego DARPA). El flujo de dinero federal hacia la Universidad Stanford se cuadruplicó en una década: de 2 millones de dólares en 1951 a más de 8 millones en 1960.
Stanford así fue un laboratorio protagónico de la Guerra Fría; buena parte de los ingresos de la universidad en ese tiempo provenían de contratos de Defensa.
2. W. Shockley, inventor del transistor, un jefe complicado
William Shockley fue uno de los inventores del revolucionario transistor en la ciudad de Nueva Jersey, Costa Este, en Bell Labs, propiedad de AT&T.
Fred Terman de Stanford lo convenció de volver a su Palo Alto natal para fundar Shockley Semiconductor.
William Shockley, una especie de genio técnico poseía una personalidad compleja. En 1957 la presión explotó.
3. Los ocho traidores
Ocho de sus mejores científicos e ingenieros decidieron que no podían trabajar más con él.
Liderados por Robert Noyce y Gordon Moore, buscaron financiamiento. Lo encontraron en Sherman Fairchild, un empresario que les dio un préstamo de poco más de 1,3 millones de dólares. El 18 de septiembre de 1957 fundaron Fairchild Semiconductor.
4. Fairchild, una madre del Valle
Fairchild Semiconductor fue además de una empresa, otra incubadora. De sus filas salieron los fundadores de Intel, AMD, National Semiconductor y decenas más.
Cuando un empleado de Fairchild tenía una idea brillante, no pedía permiso: renunciaba y fundaba su propia firma. A este fenómeno se lo llamó spinoff.
Un dato clave: en solo 12 años, Fairchild generó más de 30 empresas que incluso competían entre sí.
Esa competencia por la evolución hizo que la zona creciera a una velocidad que Boston, con Harvard y el MIT, no pudieron seguir — limitada por contratos más rígidos y una cultura conservadora.
Capítulo 3: El transistor y la revolución
Para entender por qué la región de Silicon Valley se convirtió en centro tecnológico, hay que llegar a lo que se llama una Tecnología de Propósito General (GPT).
Los economistas Richard Lipsey y Kenneth Carlaw identificaron 24 en toda la historia. El transistor no es solo una de ellas — además permitió que todo lo que se fue generando a partir de él se volviera más inteligente.
1. Acto 1, Nueva Jersey
Aunque Silicon Valley se llevó la gloria industrial, el 23 de diciembre de 1947, en Bell Labs, William Shockley junto a John Bardeen y Walter Brattain crearon el primer transistor funcional.
Su función era simple pero revolucionaria: reemplazaba al tubo de vacío, que era grande, frágil y generaba calor insoportable. La computadora ENIAC usaba 18.000 tubos y quemaba uno cada pocos minutos.
El transistor tenía la misma funcionalidad — amplificar o interrumpir una señal — pero era pequeño, sólido y frío. Cambió el paradigma.
2. Una decisión de AT&T
Aquí ocurre un hecho contraintuitivo en el capitalismo moderno. AT&T, dueña de Bell Labs, en 1952 tomó una decisión histórica: licenció la tecnología del transistor a quien la quisiera, por una regalía mínima.
El impacto fue enorme. Se organizó un simposio para 40 empresas. Literalmente AT&T les abrió el libro de cocina con la receta del transistor. No guardaron el secreto, y con ello liberaron la semilla para crear el bosque.
Sin esta apertura, el conocimiento jamás hubiera viajado a California con Shockley.
3. De 0 a 1. El interruptor universal
¿Por qué el transistor es tan especial? Funciona como un interruptor binario. Encendido o apagado. 1 o 0. Esa simplicidad permitió que Gordon Moore postulara su famosa ley: la capacidad de introducir transistores en un chip se duplicaría cada dos años.
Para 1970 un chip tenía miles de transistores. Hoy, un smartphone tiene decenas de miles de millones.
4. La cadena de habilitación
El transistor habilitó una escalera: habilitó el chip, que habilitó la computadora personal, que dio paso al desarrollo masivo del software y de Internet.
A menudo nos enfocamos en inventos que resuelven un solo tipo de problema. El transistor es el ejemplo de que el valor multiplicador está en herramientas que habilitan otras herramientas.
Mientras Silicon Valley construía el futuro en chips, una región italiana lo hacía en acero, cooperativas y Ferraris.
Emilia-Romagna
Emilia-Romagna no es solo el hogar de Ferrari, Lamborghini y Ducati. Es una de las experiencias de desarrollo regional más exitosas del mundo occidental.
Una región que salió de la pobreza de posguerra para convertirse en la tercera economía más próspera de Italia, con una empresa cada diez habitantes y casi el 40% de su PBI generado por cooperativas.
Un modelo radicalmente distinto al californiano. Sin capital de riesgo, sin el Pentágono, sin efecto Sputnik. Con otro tipo de ingeniería — institucional, social y productiva — que convirtió una cultura de cooperación centenaria en ventaja competitiva global.
En el próximo capítulo, el modelo Emilia-Romagna.
©Trabajo en equipo de Casa Tomada
Notas de Verificación
Sobre los fondos de ARPA: The Cold War and American Science, por Rebecca S. Lowen.
Sobre los Ocho Traidores: The Man Behind the Micro: Inventing the Silicon Valley, por Leslie Berlin.
Sobre la genealogía de Fairchild: Archivos del Computer History Museum en Mountain View, California.
Sobre Emilia-Romagna: The Emilian Model: Profile of a Co-operative Economy, por John Restakis. Publicado por la BC Co-operative Association.